Recientemente nos enteramos de la decisión de las autoridades de la Universidad Autónoma de Sinaloa de cancelar la licenciatura en Sociología como ya ha sucedido en otras universidades mexicanas. El argumento para cerrarla se basa en la escasa demanda de la profesión en el mercado de trabajo. En la UANL la licenciatura en sociología, impartida en la Facultad de Filosofía y Letras, ha estado en un permanente acecho en los últimos años, logrando sobrevivir al intento por ultimarla en la primera década del presente siglo y más recientemente ha estado sometida a un debilitamiento para favorecer la decisión de cancelarla.

Los amagos y cierres de carreras de Sociología y en general de las Ciencias Sociales y las Humanidades, se dan en un contexto estructural de desorden social provocado por treinta años de neoliberalismo en nuestro país. En tres décadas perdimos energía material, social y de sujetos, a decir de Sergio Zermeño (2010): en el 2009 se informaba que la salida de talentos ascendía a 575 mil profesionistas y cada año abandonan el país 20 mil mexicanos con altos niveles de escolaridad. En tanto, con datos del censo U.S. Census’s Cuarrent Population Survey, Zermeño nos recuerda que en el 2000 la población nacida en México pero que vive en Estados Unidos llegó a 8.3 millones de personas.

La pérdida de energía social ha sido gravísima en el campo mexicano. Éste se desoló al imponerse la liberación agrícola. Los campesinos mexicanos ya no pudieron alimentarse asimismo y mucho menos al país. En la industria, el país entró en un proceso de desindustrialización tras la firma del Tratado de Libre Comercio. México a partir de ello cada vez produce menos mercancías y servicios con algún valor agregado significativo; el país se convirtió en un gran importador de importaciones como lo ejemplifica la producción de automóviles.

La destrucción de México en tres décadas de neoliberalismo no solamente significó el empobrecimiento y la marginación creciente, también destruyó identidades colectivas y el equilibrio social. La más importante de ellas es la precarización y la destrucción de redes primarias en el campo y la ciudad, lo que ha derivado en la profundización de todas las violencias.

En un contexto de destrucción de lo social y de desindustrializaión, se impuso la racionalidad hegemónica globalizadora en los programas de estudio y agendas de investigación en las universidades mexicanas. En nuestra UANL están siendo marcadas por la llamada Cuarta Revolución Industrial. En esta racionalidad hegemónica las licenciaturas de Ciencias Sociales y Humanidades no tienen cabida. Se les ahoga financieramente con presupuestos menores.

Desde esa visión, la universidad pública parece incorporarse totalmente en la maquila de mano de obra calificada para el mercado laboral, olvidando uno de sus principales fines que es el aporte en términos de la construcción de la sociedad, el cuestionamiento de la situación social presente, así como el análisis y visibilización de las contradicciones presentes en torno a ello. La democratización del conocimiento y con ello de la sociedad, se ve de esta manera comprometida en sus raíces, ante la embestida mercantilización, enfocada ahora en la sola aplicación del conocimiento para resolver problemas y atender particularidades totalmente despolitizadas, desde una visión meramente instrumental.

El pensamiento sociológico y económico, tuvo una gran relevancia hacia la segunda mitad del siglo XX para enfrentar nuestro eterno subdesarrollo. Asumiendo que la sociedad periférica y descolonizada latinoamericana tuvo su propia experiencia de industrialización, urbanización, crecimiento demográfico, formación de Estado y mercado nacional, secularización e individualización, se construyó una poderosa escuela sociológica y económica de corte dependentista y desarrollista desde donde se formularon planteamientos analíticos que sirvieron de base para la generación de políticas públicas que se expresaron en la estrategia de sustitución de importaciones.

Los nuevos procesos de globalización neoliberal metieron en crisis al pensamiento social y económico latinoamericano. Nuestras universidades y centros de investigación abandonaron los intentos por desarrollar un pensamiento social propio. Pronto abrazamos el patrimonio conceptual que hemos heredado de la gran tradición sociológica y de la sociología contemporánea europea y norteamericana. ¿Qué tan adecuado es este patrimonio para comprender y explicar la particularidad y la diferencia histórico-social de las sociedades latinoamericanas? se pregunta Marco Estrada (2009) para hacer un llamado a construir un pensamiento sociológico propio.

Muchos de los problemas sociales que enfrenta el país se deben en parte a que el Estado abandonó el territorio y éste fue ocupado por la criminalidad y las bandas delictivas. La respuesta del actual gobierno ha sido recuperar esos espacios con el ejército y las policías. Pero no es suficiente, se requiere de una intensa presencia de programas y proyectos sociales en los territorios, en esta tarea sociólogos, trabajadores sociales, antropólogos, filósofos, economistas son centrales para el diagnóstico, administración y ejecución de políticas públicas sobre el terreno. Necesitamos un andamiaje para conocer y evaluar el pulso de la sociedad y para ello las carreras de sociología son indispensables. La sociedad necesita de una Ciencia Social que elabore diagnósticos, acompañe soluciones, que tenga calidad profesional para reconstruir el México del siglo XXI como sostiene Sergio Zermeño.

Hacer depender la subsistencia de licenciaturas, como la de Sociología, a la lógica del mercado de mano de obra y de la competitividad, es una tarea perdida en un país en el que existen regiones en las que no ha pasado la primera ni segunda revolución industrial.

 

Referencias

Estrada, S., Marco. (2009). Reseña de “Sociología y cambio conceptual. De la burocracia y las normas al cuerpo y la intimidad” de Gina Zabludovsky Kuper (coord.) Estudios Sociológicos, vol. XXVII, núm. 79, pp. 306-310.

Zermeño, Sergio (2010). Reconstruir a México en el siglo XXI. México: Oceano.